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Los superalimentos: ¿nutrición o una moda?
12:15 | 16/10/2019
  • Según la Organización de Consumidores y Usuarios, los llamados superalimentos “resultan nutricionalmente muy interesantes”, ya que, en su versión cruda, contienen una cantidad de nutrientes más concentrada que otros productos con las mismas propiedades. Lo que no quiere decir que su consumo sea indispensable para estar sano
  • Posicionar algunos alimentos por encima de otros, induce al consumidor a sobrevalorar las propiedades de los que se sitúan en la cima, haciendo que se confíe demasiado en sus capacidades
  • Para que un superalimento sea realmente beneficioso, deberemos introducirlo en una dieta equilibrada, variada y con proporciones adecuadas, puesto que sus propiedades en ningún caso son ni milagrosas ni curativas
Por Futuro a Fondo

Dietas milagro, alimentos light o 0%, productos sin gluten, batidos detox... Las modas alimentarias han ido reciclándose a lo largo de los años, popularizando productos y rutinas hasta entonces desconocidos por los consumidores. Una de estas tendencias, nos ha presentado una serie de productos de procedencia exótica y curiosos nombres que nos prometen poco menos que la salud eterna: los superalimentos.

Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, el comparador de seguros de salud Acierto.com ha realizado un estudio en el que busca comprobar si las propiedades de estos productos son tan beneficiosas para la salud como indican sus etiquetas, o si, por el contrario, nos encontramos frente a alimentos impulsados por muy buenas campañas de marketing.

La opinión de los expertos: saludable pero no curativo

Baobab, açaí, chía, bayas de goji,.. Son algunos productos de los que no habíamos oído hablar hasta hace unos años y que ahora encontramos en los menús de todo restaurante moderno que se precie, ¿son tan buenos como prometen? Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), los llamados superalimentos “resultan nutricionalmente muy interesantes”, ya que, en su versión cruda, contienen una cantidad de nutrientes más concentrada que otros productos con las mismas propiedades. Sin embargo, esto no quiere decir que su consumo sea indispensable para estar sano ni que no se puedan conseguir esos beneficios consumiendo otro tipo de alimentos, digamos, más tradicionales.

Un gran ejemplo de ello lo encontramos al comparar los aportes de una ensalada de quinoa y los de un plato de lentejas con arroz. El popular cereal boliviano destaca por su elevado contenido en proteínas, vitaminas y minerales, un cóctel de nutrientes que, sin embargo, también encontraremos en la versión más tradicional de legumbres y arroz. Por otro lado, el kale, un ingrediente que se ha colado en todas las recetas de comida "healthy", es prima hermana de la berza y tiene prácticamente las mismas características, pero gracias a su nombre, se adecúa mejor a la nueva categoría de “super”.

La calidad nutricional de estos productos, por tanto, aunque no inédita, resulta incuestionable. Sin embargo, el inconveniente de que se hayan puesto de moda tan rápidamente es la falsa creencia de que consumirlos compensarán una rutina de malos hábitos. En realidad, no tendrán ningún efecto si no se introducen en la dieta de forma correcta, asegurando que ésta sea equilibrada y libre de otros alimentos muy procesados o con elevados niveles de azúcares.

La principal crítica de los expertos hacia esta tendencia es, por tanto, la reputación que se les da públicamente y la denominación de “super” con la que nos referimos a ellos. Al posicionar algunos alimentos por encima de otros, se induce al consumidor a sobrevalorar las propiedades de los que se sitúan en la cima, haciendo que se confíe demasiado en sus capacidades.

Así, el mensaje que debe calar, es que espolvorear semillas de chía por encima de un donut de chocolate no lo convertirá en una opción más saludable. Para que un superalimento sea realmente beneficioso, deberemos introducirlo en una dieta equilibrada, variada y con proporciones adecuadas, puesto que sus propiedades en ningún caso son ni milagrosas ni curativas.

¿Cuál es la forma correcta de apuntarse a esta moda?

Según un estudio realizado por Nielsen en el 2017, el 27% de los españoles que querían cambiar su dieta pretendían hacerlo aumentando su consumo de superalimentos. A la hora de sumarnos a esta tendencia, sin embargo, tendremos que tener en cuenta que, aunque sean una muy buena opción para aumentar nuestra ingesta de ciertos nutrientes, tal y como explica la nutricionista Elena Vázquez, “por sí solos no hacen nada”. Por tanto, si queremos introducirlos en nuestra dieta, deberemos hacerlo con el apoyo y la asistencia de un especialista, quien evaluará nuestras necesidades y nos diseñará un plan personalizado.

Una dieta adecuada debe contener una variedad de productos ricos en proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales, ya que, de momento, ninguno contiene todos los nutrientes necesarios por sí solo. Dicho de otra forma: debemos entender que, en realidad, ningún alimento puede ser “super”, ya que la clave de una alimentación saludable está en el equilibrio. 

Con el objetivo de orientar a aquellos que duden sobre cómo mejorar sus hábitos alimentarios, la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y sus editores en Publicaciones de Salud han elaborado una guía con las claves para lograrlo. Su “Plato para Comer Saludable” nos indica cómo debe lucir una ración para que sea equilibrada, así como la proporción adecuada en la que debemos incorporar los diferentes nutrientes en nuestro día a día. En él, las verduras y las frutas cobran el mayor protagonismo, ya que deben ocupar la mitad del plato, y el resto del espacio se repartirá a partes iguales entre proteínas y carbohidratos, estos últimos integrales. Adicionalmente, nos recomienda utilizar aceites saludables, hidratarnos a base de agua, té o café (evitando lácteos y zumos) e incorporar actividad física a nuestra rutina. 

Cabe añadir, además, la advertencia de los expertos de que la salud nunca es una moda, por lo que no debemos condicionarla a lo que se lleve en cada momento ni lanzarnos a cambiar radicalmente nuestra dieta sin antes consultar con un especialista que nos asesore.

Confiar en profesionales, la mejor solución

Las soluciones milagrosas no existen. Por ello, para cambiar de hábitos hacia una alimentación más saludable, es importante contar con expertos en la materia. Los nutricionistas y endocrinos están especializados en encontrar el equilibrio para cada persona y, con las dificultades que ofrecen las listas de espera, son muchos los que optan por un seguro privado que les aconseje. 

Varias compañías han incorporado estos servicios de asesoramiento nutricional en sus pólizas, con metas y retos alcanzables y razonables. La mayoría de aseguradoras incluyen también revisiones médicas anuales, con las que controlar el peso y prevenir las posibles consecuencias negativas que pueden conllevar unos hábitos descuidados.

Asimismo, algo importante a tener en cuenta es que no todas las compañías son iguales, por lo que lo más recomendable siempre será comparar las pólizas para encontrar la que mejor se adapte a tus necesidades.

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