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Estudio de OVF y Esade Center for Social Impact /
Descubriendo las empresas sociales: qué son y cuáles son sus necesidades de financiación
12:00 | 11/05/2021
  • Ante la necesidad de conocer mejor la demanda de inversión de impacto en España, Open Value Foundation y el Esade Center for Social Impact han aunado esfuerzos para realizar un estudio pionero
  • Un proyecto de emprendimiento social se caracteriza por: su misión social, un modelo de negocio con una facturación comercial que supone más del 25% de sus ingresos totales, y un sistema de gobernanza que incluya algún mecanismo que blinde el enfoque en el impacto social
  • Las empresas sociales en España tienen dificultades para acceder a financiación por dos motivos: la falta de fuentes de financiación para las etapas tempranas de desarrollo y la falta de financiación específica para proyectos con impacto social.
Por Futuro a Fondo

El concepto de empresa social ha ganado mucha popularidad durante la pandemia. Sin embargo, se conoce poco sobre las necesidades de financiación de estas empresas. Según alertaba el Consejo Asesor Nacional para la Inversión de Impacto (SpainNAB) en su informe “Hacia una economía de impacto” de 2019, existe la necesidad de conocer mejor la demanda de inversión de impacto en España, centrándose en las necesidades de financiación de las empresas sociales y no solo en los intereses de los inversores. De lo contrario, se corre el riesgo de que haya un desajuste entre la oferta de inversión de impacto y las necesidades de financiación de las empresas sociales.

Con el objetivo de responder a esta llamada, la Open Value Foundation (OVF) y el Esade Center for Social Impact han aunado esfuerzos para realizar un estudio pionero en España, “Necesidades de financiación de las empresas sociales en España”.

¿Qué se entiende por proyecto de empresa social?

La mayoría de las definiciones de empresa social comparten dos características comunes que pueden delimitar qué es una empresa social: la generación de ingresos a partir de una determinada actividad comercial, utilizando los mecanismos del mercado, y su misión social. Sin embargo, en cuanto a la actividad comercial, no existe un criterio único, sino que se aceptan rangos distintos, de modo que dicha actividad puede representar solo una parte de sus ingresos o bien su totalidad.

Para este estudio, en coherencia con la definición de la Comisión Europea y con la literatura académica, se ha definido el proyecto de emprendimiento social como aquel que se caracteriza por: su misión social, un modelo de negocio con una facturación comercial, procedente de la venta de un bien o un servicio, que supone más del 25% de sus ingresos totales, y un sistema de gobernanza que incluya algún mecanismo que blinde, en cierto modo, el enfoque en el impacto social y que contribuya a considerar los intereses de otros grupos de interés distintos de los accionistas.

Las dos almas del emprendimiento social

Existen muchas maneras de impulsar y gestionar empresas sociales, que responden a las necesidades de captación de recursos de cada modelo de negocio, a las motivaciones del equipo fundador, a la imagen que se quiere dar ante los distintos grupos de interés y al tipo de reto o sector en que se quiere generar impacto.

Concretamente, desde el estudio se han identificado dos estrategias principales. La primera, adoptada por las empresas que suelen optar por una forma jurídica sin ánimo de lucro, es de ámbito más local, tiene mayor dependencia del sector público y se enfoca intrínsecamente en el impacto. La segunda, que adoptan normalmente las empresas constituidas con ánimo de lucro, se caracteriza por unos productos con mayor base tecnológica, que intentan crecer a escala nivel global, buscando financiación en forma de capital. Aunque ambas estrategias pueden tener modelos de negocio sostenibles, las empresas del segundo grupo suelen tener un mayor potencial de escalabilidad y de rentabilidad.

De todas maneras, cabe destacar que existen proyectos que no encajan exactamente en ninguno de los dos grupos anteriores y, a menudo, buscan estructuras híbridas. Entre las empresas del estudio con este formato híbrido, lo más habitual es la combinación de una SL y una asociación.

“La convivencia de distintos modelos de empresa social no tiene por qué ser algo negativo, ya que, como hemos dicho, los fundadores pueden optar por estrategias diferentes, en función de sus necesidades y objetivos. Sin embargo, es importante entender y poner en valor, como sociedad –especialmente desde las administraciones públicas, los medios de comunicación y el sector educativo–, el papel de estas organizaciones híbridas, que intentan contribuir a solucionar importantes retos sociales a través de unos modelos de negocio sostenibles, así como las especificidades de cada una de ellas”, resaltan los autores.

Necesidades específicas de financiación

Las empresas sociales en España tienen dificultades para acceder a financiación por dos motivos: la falta de fuentes de financiación para las etapas tempranas de desarrollo y la falta de financiación específica para proyectos con impacto social.

“Es importante hallar maneras de cubrir estas dos necesidades, probablemente con estructuras de financiación híbrida, en que el capital público o privado puede actuar como catalizador de otros inversores de impacto”, destacan los autores. Asimismo, en el estudio se pone de manifiesto la importancia de entender las necesidades específicas de los dos tipos de empresa social identificados, pues deben tenerse en cuenta a la hora de diseñar las nuevas herramientas de financiación para este sector.

La financiación de impacto de las empresas sociales en etapas iniciales puede adoptar el formato de la venture philanthropy (una financiación que puede ser a fondo perdido o en forma de deuda o inversión, pero con una rentabilidad menor o mayor plazo, complementada con un apoyo no financiero) o de la inversión de impacto (normalmente, con expectativas de retorno financiero más altas, cercanas o iguales a las de mercado), pero en España todavía está poco desarrollada.

Para las etapas más maduras, los autores consideran que es importante complementar los instrumentos actuales de la banca ética y de los fondos de impacto para cubrir las necesidades de los distintos tipos de empresa social.

Construcción de ecosistema

La tercera conclusión que extrae el estudio es la necesidad de construir el ecosistema de la economía de impacto, más allá de las fuentes de financiación que necesitan las empresas sociales. Además de la importancia de promover la financiación de impacto, especialmente en las etapas iniciales, las empresas sociales también necesitan que se desarrollen otros aspectos importantes que ayuden a su sostenibilidad financiera y a su capacidad de impacto.

Contratación pública: las administraciones públicas pueden contribuir a la sostenibilidad de las empresas sociales incluyendo cláusulas de impacto social en los concursos para contratar bienes y servicios, así como impulsando los contratos de impacto social (CIS).

Apoyo no financiero: el apoyo que reciben las empresas sociales en sus etapas iniciales, más allá de la financiación, es muy importante para su crecimiento y consolidación. Se deben buscar maneras para que los distintos intermediarios puedan ofrecer estos apoyos de manera sostenible.

Medición del impacto: los financiadores pueden contribuir a que la medición del impacto sea más sofisticada entre las empresas sociales, exigiendo unos niveles de medición cada vez más avanzados, al tiempo que les ofrecen su apoyo financiero y no-financiero.

 

Si quiere conocer más sobre Open Value Foundation puede leer el siguiente artículo de la revista de Funds Society

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