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Bonos azules: una inversión que protege los océanos
13:00 | 11/09/2020
  • Los bonos azules están diseñados para financiar proyectos relacionados con la preservación y protección de los ecosistemas marinos
  • Sophie del Campo (Natixis IM): “Proteger los océanos es fundamental para luchar contra el calentamiento global, no solo por la dimensión que tienen, sino porque, además, absorben un alto porcentaje del dióxido de carbono generado por la actividad humana”
  • Mirova (filial de Natixis) da a los inversores la posibilidad de invertir en empresas involucradas en tres áreas clave de la economía azul (mariscos sostenibles, economía circular y conservación de los océanos) además de en otras como la lucha contra los desechos marinos o la contaminación por plásticos
Por Sofía Cisneros

En 2020, los llamados bonos verdes han ganado una popularidad insuperable, de hecho, según recoge el Observatorio Español de la Financiación Sostenible, en julio de este año ya se habían emitido más bonos verdes que en todo 2019. Es una tendencia imparable y lo verde es un claro protagonista en las inversiones, un movimiento que no ha hecho más que empezar.

Pero… ¿qué hay de lo azul? Sí, también existen los bonos azules. Hay un problema: la acidificación de los océanos, la pérdida de diversidad, la extinción de especies y el camión lleno de basura que se vierte cada minuto al mar. Pero también existe una solución: la inversión en la protección y el cuidado de los ecosistemas marinos, donde los bonos azules pueden jugar un papel clave.

Los bonos azules son un tipo de bonos diseñados para financiar proyectos relacionados con la preservación y protección de los ecosistemas marinos. De esta forma, un emisor de un bono azul ha de comprometerse a que el dinero se destine a tales fines.

Es un tipo de bono muy joven, la primera emisión se hizo en 2016, de la mano del gobierno de las Sheychelles y apoyado por la organización The Natural Conservacy (TNC). Tal y como explica la organización, la República de Seychelles trabajó con TNC para restructurar parte de su deuda nacional, liberando 430.000 dólares anuales para la conservación marina. Hasta 2018, el gobierno había establecido dos áreas marinas protegidas que cubrían 210.000 kilómetros cuadrados de áreas oceánicas, llevando al país a la mitad de su meta de proteger el 30% de su territorio marino para este año.

La protección de los ecosistemas marinos: una responsabilidad de todos

Para Sophie del Campo, directora general de Natixis IM en Iberia, Latinoamérica y Estados Unidos Offshore: “Proteger los océanos es fundamental para luchar contra el calentamiento global, no solo por la dimensión que tienen, sino porque, además, absorben un alto porcentaje del dióxido de carbono generado por la actividad humana”.

Proteger la vida marina y los océanos es una responsabilidad de todos, pero además es un compromiso que se enmarca en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, concretamente en el número 14: “Vida submarina: conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible”.

“Cumplir con los ODS requiere cambiar los procesos productivos, para lo que son necesarias unas inversiones anuales de entre cinco y siete billones de dólares, según datos de la ONU. Por ello, es necesario abordar estos problemas a través de inversiones con las que conseguir la financiación necesaria y con las que respaldar las mejores prácticas en este ámbito. Para lograrlo, es necesario que estas inversiones garanticen un impacto medible y cuantificable a los ecosistemas oceánicos y costeros, así como que otorguen sostenibilidad y rentabilidad a los inversores”, defiende Sophie del Campo.

La experta prevé un “fuerte crecimiento” para los bonos azules, ya que, según argumenta, su potencial está directamente relacionado con los datos que manejan los organismos internacionales: la OECD estima que la economía azul representa el 2,5% del PIB mundial y duplicará su tamaño de aquí a 2030 hasta alcanzar los tres billones dólares, más de dos veces el PIB de España; y la ONU y del Banco Mundial calculan que más de 3.000 millones de personas dependen de la biodiversidad marina para su sustento económico.

Por su parte, Anwar Zibaoui, coordinador general en ASCAME, considera que desarrollar una economía azul saludable y sostenible es imprescindible. “Invertir en acciones oceánicas clave como la descarbonización del transporte marítimo, la conservación y restauración de manglares, la producción sostenible de productos del mar o el desarrollo de energías renovables proporciona beneficios globales. No se trata solo de beneficios financieros, sino también de mejores resultados de salud para los consumidores, una biodiversidad más rica y trabajos más seguros, entre otras prestaciones. Un mar sostenible debe verse no solo como un imperativo de conservación, sino también como una prioridad para el futuro de la economía, el ecosistema y la sociedad”, argumenta.

Conscientes de la importancia de la economía azul, desde Natixis IM ofrecen a los inversores la posibilidad de hacer tangible su compromiso con la protección de los océanos a través de su affiliate Mirova, que realiza inversiones de impacto en proyectos y empresas marinas y costeras que pueden generar rendimientos económicos sostenibles en la pesca, la acuicultura, la economía circular y la conservación marina.

“A través de ella, proporcionamos a los inversores la posibilidad de invertir en empresas involucradas en tres áreas clave de la economía azul (mariscos sostenibles, economía circular y conservación de los océanos) además de en otras como la producción sostenible de productos del mar, la lucha contra los desechos marinos y la contaminación por plásticos”, explica del Campo.

La vida depende de los océanos

Según señala la ONU en su informe sobre los ODS, los océanos constituyen el ecosistema más grande del planeta, cubren más de dos tercios de la superficie de la Tierra y proporcionan alimentos y medios de vida a miles de millones de personas. Los océanos generan aproximadamente la mitad del oxígeno que respiramos. Actúan como reguladores del clima al absorber el calor atmosférico y más de una cuarta parte del CO2 que produce el ser humano. La conclusión es clara: la vida depende de los océanos.

Sin embargo, varias décadas de aumento de las emisiones de carbono han generado una acumulación de calor en los océanos y cambios en su composición química. Los efectos adversos resultantes de la acidificación de los océanos, el cambio climático (incluido el aumento del nivel del mar), los fenómenos meteorológicos extremos y la erosión costera agravan la continua amenaza a los recursos marinos y costeros derivada de la pesca excesiva, la contaminación y la degradación del hábitat. Las zonas protegidas y las normativas y tratados que fomentan la explotación responsable de los recursos oceánicos son fundamentales para hacer frente a esta amenaza.

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