Paula Mercado (VDOS) /
Las estrategias más comunes de inversión sostenible
11:45 | 03/06/2019
  • Hay varias estrategias sostenibles y, si bien los perfiles de retorno financiero varían con cada una de ellas, se pueden identificar entre sus enfoques principales: exclusión, inversión de impacto, integración de la ASG, activismo de accionistas o bonistas y mejor de su clase (best-in-class)
  • Las diferentes estrategias no son excluyentes entre sí y, frecuentemente, los inversores se involucran en varias de ellas al mismo tiempo
  • Los orígenes de la inversión sostenible pueden encontrarse en las prácticas de gestión de inversiones de metodistas y cuáqueros hace más de 200 años, quienes, al igual que otras confesiones religiosas, se regían por unas directrices bien definidas sobre el tipo de compañías en que podían invertir
Por Paula Mercado

La inversión sostenible se basa en la idea de que los inversores pueden conseguir un impacto social con su inversión. Idealmente, este objetivo debería alcanzarse sin sacrificar retornos financieros a largo plazo. La posibilidad de conseguir este doble objetivo es lo que hace a la inversión sostenible atractiva para los inversores.

Durante los últimos años, un número creciente de inversores institucionales e individuales han ido adoptando estrategias de inversión sostenible, hasta el punto de que ambos tipos de inversores anticipan que este tipo de inversión será incluso más importante en los próximos años. Pero para lograr invertir según los principios sostenibles, se suelen seguir algunas estrategias concretas.

Hay varias estrategias sostenibles y, si bien los perfiles de retorno financiero varían con cada una de ellas, se pueden identificar entre sus enfoques principales: exclusión, inversión de impacto, integración de la ASG, activismo de accionistas o bonistas y mejor de su clase (best-in-class)

Las estrategias de exclusión filtran compañías para ser excluidas de las carteras en base a determinadas razones, tales como ética, religión u otras creencias sólidamente establecidas. Entre estas últimas están la preocupación por el medio ambiente o la implicación de las compañías en determinadas actividades comerciales.

La inversión de impacto puede describirse como la que persigue alcanzar un objetivo social o ambiental medible.

Otra de las estrategias consiste en integrar las consideraciones ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) en el proceso de análisis y selección de activos y en construcción de la cartera, incluyendo compañías con objetivos social y ambientales que algunos inversores creen que podrían minimizar ciertas vulnerabilidades, tales como el riesgo de denuncias por parte de los empleados o por vertidos tóxicos, utilizando estos objetivos como predictores de comportamiento financiero.

El activismo de inversores y bonistas para lograr influir en el comportamiento corporativo es otra de estas estrategias.

Puede invertirse también siguiendo la estrategia de mejor de su clase (Best-in-class por su acepción inglesa). Los gestores que adoptan este enfoque no descartan sectores, sino que buscan individualmente compañías en cada sector cuyo compromiso con la ASG sea mayor. Identifica, por tanto, las compañías que estén llevando a cabo proyectos específicos en que la ASG sea un componente especifico. Se propone no sólo beneficiarse de las oportunidades que la inversión sostenible puede brindar, sino también evitar los riesgos en que puedan estar incurriendo otras compañías comparables por no estar desarrollando proyectos ASG equivalentes.

Las diferentes estrategias no son excluyentes entre sí y, frecuentemente, los inversores se involucran en varias de ellas al mismo tiempo. De hecho, no siempre está claro donde comienza una estrategia y donde termina otra, puesto que unas pueden metamorfosear en otras.

Además de estas estrategias sostenibles de más amplia aplicación, hay otros enfoques que no son fácilmente clasificables, con el objetivo de inversión de alcanzar un impacto social positivo y retornos financieros. Un ejemplo de esta categoría podría ser la inversión en instituciones de microfinanzas, que buscan proporcionar servicios bancarios a familias pobres y micro emprendedores.

Los orígenes de la inversión sostenible pueden encontrarse en las prácticas de gestión de inversiones de metodistas y cuáqueros hace más de 200 años, quienes, al igual que otras confesiones religiosas, se regían por unas directrices bien definidas sobre el tipo de compañías en que podían invertir. En cuanto a productos de inversión se refiere, el primero que estuvo a disposición pública fue cuando un grupo eclesiástico de Boston estableció el fondo Pioneer, en 1928.

En época más reciente, la inversión sostenible adquirió una mayor formalidad en la década de 1960, al mismo tiempo que el sector de fondos de inversión comenzaba a generalizarse. Si en aquellos años reflejaban la problemática social de entonces, como puede ser el auge de los derechos civiles, han continuado evolucionando en paralelo a los cambios por los que ha ido pasando la sociedad.

Paula Mercado, directora de análisis deVDOS Stochastics y quefondos.com

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