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Jugar a las empresas tiene mucho que ver con los riesgos de los fondos de renta variable
15:45 | 14/11/2017
  • El capital de una empresa se divide en acciones y cuando compramos acciones de una compañía, nos convertimos en accionistas, en dueños de una parte proporcional de la misma
  • Si somos accionistas de una empresa, la trayectoria que tenga esta compañía nos influirá de forma directa
  • Si la empresa va bien eso supone que tendrá más ventas y beneficios, y que si estos se reparten podremos cobrarlos en forma de dividendos
  • Sin embargo, invertir en renta variable también conlleva una serie de riesgos: el riesgo de mercado, el específico de las empresas en que invertimos y la evolución del precio
Por Futuro a Fondo

Jugar a las empresas tiene mucho que ver con los riesgos de los fondos de renta variable. Para Beatriz y Cristina esto es tan fácil como soñar con convertirse en dueñas de esa empresa tecnológica o de juguetes que conocen y que les gusta; pero, sin embargo, no es todo tan sencillo como en un juego y los riesgo de la renta variable van más allá. 

Para comprender los riesgos de este tipo de fondos, debemos saber primero en qué consiste la renta variable, que no es otra cosa que las acciones de una empresa. El capital de una empresa se divide en acciones, todas del mismo valor; de este modo, cuando compramos acciones de una compañía, nos convertimos en accionistas, en dueños de una parte proporcional de la misma.

Si somos accionistas de una empresa, la trayectoria que tenga esta compañía nos influirá de forma directa. Por tanto, si la empresa va bien eso supone que tendrá más ventas y beneficios, y que si estos se reparten podremos cobrarlos en forma de dividendos. Además, si la compañía sube en bolsa podremos vender las acciones con ganancias.

Sin embargo, invertir en renta variable también conlleva una serie de riesgos:

1.- Riesgo sistemático: es el riesgo de mercado, no se puede diversificar y afecta a todas las acciones. Por ejemplo, conflicto político, grave recesión económica, un atentado…

2.- Riesgo no sistemático: es aquel específico de las empresas en que invertimos. Puede reducirse con una buena diversificación. Un ejemplo sería que apostemos por el sector de las energías renovables y los gobiernos recorten inversiones en el sector; si además de tener este sector en cartera tenemos otros (salud, construcción…), tal vez el comportamiento positivo de estos últimos podría compensar el tropiezo del primero.

3.- Evolución del precio: puede que las acciones no se comporten como esperábamos y tengamos pérdidas si vendemos.

También hay que tener en cuenta que existen otros riesgos, como que la empresa reduzca o suspenda el reparto de dividendos en el caso de que no esté obteniendo buenos resultados; o la liquidez, ya que en el caso de acciones poco líquidas podemos tener más problemas a la hora de encontrar comprador o vendedor. También hay que prestar atención a la divisa, ya que a pesar de que comprar acciones en otros mercados y monedas puede ser muy interesante, esto requiere que se vigile de forma periódica la evolución del tipo de cambio.

A la hora de poner todo esto en práctica, se debe tener en cuenta que la renta variable permite obtener rentabilidades elevadas, pero también una posibilidad alta de perder lo invertido. Debido al alto riesgo que conlleva este tipo de fondos, es recomendable tener muy claro cuál es nuestro perfil inversor (conservador, arriesgado, …) para así poder elegir si invertimos más o menos en ellos.

Para entender este y otros conceptos económicos el banco digital Self Bank ha puesto en marcha el proyecto de educación financiera Pequeños Inversores, junto a 25 gestoras de fondos, con el que se busca desmitificar que las finanzas son complicadas y que hasta un niño es capaz de explicarlas.

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